3 roles que dañan tus relaciones

Según nuestra manera de actuar ante las circunstancias y las interacciones con otras personas podemos contribuir a generar(nos) malestar o, por lo contrario, fomentar nuestro bienestar y conseguir relaciones más satisfactorias. Como explica Stephen Karpman, psicólogo transaccional, podemos diferenciar tres roles reactivos: víctima, perseguidor y salvador.


Cuando adoptamos una actitud reactiva, como dice la misma palabra, reaccionamos de manera inconsciente a las circunstancias y al comportamiento de las otras personas. Actuamos de manera inmadura y a menudo impulsiva. Por lo tanto, nuestros actos no dependen de nosotros, sino que vienen determinados por el exterior: si nos tratan bien o estamos ante una situación que valoramos como agradable, nos sentimos bien y actuamos asertivamente. En cambio, si estamos ante una situación que consideramos desagradable, nos sentimos mal y actuamos a la defensiva. Por lo contrario, cuando mantenemos una actitud pro-activa, nuestros sentimientos y actuaciones no dependen del exterior. Somos capaces de mantener la calma y la paz interior, a pesar de haber recibido un mal trato o de haber experimentado una situación percibida como negativa.


Inconscientemente, todos actuamos o hemos actuado siguiendo pensamientos, sensaciones y comportamientos propios de una actitud reactiva. Algunas veces notablemente y otras de una manera muy sutil o ante circunstancias o personas concretas. El primer paso es que nos observemos a nosotros mismos para detectar qué rol reactivo estamos adoptando. A continuación, ya podremos intentar cambiar hacia una actitud más proactiva.


Los tres roles reactivos son: el victimista, el perseguidor y el salvador.

  • Cuando tenemos un rol victimista nos sentimos indefensos, incapaces de salir de las dificultades, pensamos que van en contra de nosotros y que la vida es dura e injusta.

  • Cuando tenemos un rol perseguidor juzgamos, sentimos rabia y frustración y culpamos a los demás o a nosotros mismos de lo que nos sucede.

  • Cuando tenemos un rol salvador asumimos responsabilidades que no nos pertenecen respecto el bienestar de los demás y nos sacrificamos, ya que nos consideramos “imprescindibles” o no somos capaces de decir “no” cuando nos piden ayuda.



De hecho, no adoptamos solo uno de estos tres roles. Normalmente cambiamos de uno a otro, a veces en cuestión de segundos. Además, todos estos roles comparten de base un sentimiento de victimismo, de no controlar las circunstancias que nos rodean, de miedo y desconfianza. En definitiva, son reactivos. Por ejemplo, cuando una persona intenta “salvar” a otra pero su esfuerzo no es reconocido, se siente decepcionada y adopta un rol victimista, que puede derivar al rol perseguidor, al culpar al otro de su frustración. Como podemos ver, asumir una actitud reactiva implica no aceptar la realidad que nos desagrada y eso nos lleva a manipular el entorno (aún que no sea conscientemente), hecho que genera malestar en uno mismo y daña las relaciones. La buena noticia es que está en nuestras manos reconvertir estos roles reactivos en actitudes proactivas.


  • Si tenemos un rol victimista debemos ganar confianza en nosotros mismos, aprender y mejorar habilidades para solucionar nuestros conflictos, en lugar de quejarnos y esperar que sean otros quienes los resuelvan. Así, tomamos un papel activo en la creación de nuestra realidad.

  • Si tenemos un rol perseguidor debemos aceptar que no lo podemos controlar todo y, en lugar de criticar lo que no nos gusta y culpabilizar a los demás, debemos aprender a gestionar las emociones y asumir la responsabilidad de nuestros actos.

  • Si tenemos un rol salvador debemos centrarnos en nuestro propio bienestar sin que dependa de lo que podamos hacer por los demás, aprender a decir “no” y permitirnos pedir ayuda si lo necesitamos. Así, no creamos relaciones de dependencia ni influimos innecesariamente en la vida de los otros, sino que les transmitimos confianza y aliento para que sean ellos los protagonistas de sus vidas.


También podemos observar estos roles en los demás. En este caso, no podemos hacer el cambio por ellos, pero sí que podemos comprenderlos. Entender desde la humildad que actúan de manera reactiva porque aún no han adquirido consciencia suficiente para hacerlo de una forma sabia y asertiva, fomentando el bienestar propio y ajeno. Únicamente debemos asumir nuestra responsabilidad (no la suya) y llevar la situación lo mejor posible. Manteniendo la calma y la serenidad, podemos crear un ambiente más armónico, potenciar el buen entendimiento entre las personas y, si lo consideramos adecuado, darles información que les pueda ayudar en su crecimiento personal.

© 2017 | Maria Fabregat i Giribet | Psicóloga

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